5 abr 2013

No Diggity


I like the way you work it, No Diggity. I Gotta bag it up...

    La música me saca de mi ensoñación. Apago la alarma del móvil y me siento en la cama. Como siempre llevo despierto más de una hora antes de que el despertador suene. Vuelvo a repetir la misma rutina de todos los días. Me pongo las zapatillas de estar por casa, luego al baño, después un café, una ducha, me visto y me siento frente a la ventana a ver a la gente pasar.


   Me gusta observar a esos extraños que, ajenos a mi curiosidad, pasean por las concurridas calles de esta ciudad con sus trajes, sus prisas y sus maletines de piel. Son cada uno un mundo que intento descubrir durante ese minuto que tardan en recorrer la avenida en la que vivo.

  Ahí está el Ejecutivo Agresivo 1. Camina con la espalda recta, intentando parecer más alto de lo que ya es, con su traje de Armani y sus zapatos italianos. Y, cómo no, tras él está su sombra, una joven de veinte años con una falda de tubo roja y una americana negra. Lleva el pelo recogido y parece estar deprimida. Poco a poco el resto de ejecutivos que trabajan en el Bussines Center van haciendo su aparición. No están permitidos los coches no residenciales en esta zona así que no pueden exhibirse en sus elegantes Ferrari y Porches.

  Y ahí, puntual como siempre, está ella. Sus zapatos de tacón alto resuenan por toda la calle y avisan al resto de agresivos de que allí llega la única persona a la que temen de verdad. Lleva un traje de pantalón de color negro y bajo el blazer asoma su preciosa camisa blanca. Cuando viste de negro y blanco significa que algo va a cambiar. Casi puedo sentir el miedo de todos estos agresivos ante la sola idea de un cambio más.

  Ella no lleva más de un mes caminando por la avenida, pero en ese mes ha hecho más cambios que el antiguo presidente de la Comisión del Bussiness Center en sus doce años de mandato precedentes. Fue ella la que sugirió al Ayuntamiento que hiciera esta avenida sólo residencial. Supongo que muchos la odiarán por ello, pero la verdad es que ha sido una gran mejora para el barrio, el ruido ha disminuido tanto que podemos comunicarnos de bloque a bloque sólo con alzar un poco la voz.

   Como todas las mañanas observo su rostro con detenimiento. Hoy no parece estar contenta. (No es que normalmente lo esté.) Sus ojos parecen tristes y sus labios están crispados en un gesto de frustración. La observo caminar entre los agresivos hasta que finalmente entra en el Bussiness Center y la pierdo de vista.

   Unos golpes en la puerta me alejan de la actividad de la avenida. Es mi vecina de enfrente.

-Buenos días, señora Kowalski.- saludo con una sonrisa.

   Ni me responde, entra en mi casa y se para junto a las escaleras en el rellano. Echa un vistazo a todo antes de hablar.

-Me mudo. La nueva inquilina llega mañana. Ayúdala.

No dice nada más. Se da la vuelta y se va. No digo nada. Después de siete años viviendo con ella como vecina, ya me he acostumbrado. Me preocupa, sin embargo, el asunto de la nueva inquilina. Me pregunto quién será.

Continuará...

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