<<¿Qué pasa si digo que echo de menos hablar contigo? Supongo que me dirán que se me ha ido la cabeza, lo cual no descarto del todo. ¿Cuántas veces hemos hablado? A parte de en aquel viaje... puede que cinco o seis veces. Y, sin embargo, aquí estoy, esperando un mensaje que no llega y sólo para poder hablar contigo. Quiero verte, escucharte, que rías conmigo y poder decirte tantos cumplidos como mi tartamudez me deje. Puede que sea una idiotez, puede que no sea más que un reflejo. Más de un psicólogo me diría que no es real, que en realidad estoy enfocando ciertos sentimientos de la manera equivocada. Me da igual, sólo quiero verte.
He encontrado a tu doble. La veo muchas veces. No puedo evitar que se me congele el corazón de sólo atisbar su cabello a lo lejos. Por detrás es el mismo que el tuyo, más claro y rojizo quizás. Su nariz y sus labios... me recuerdan tanto a la tuyos que temo haberme quedado embobado más de una vez admirándolos.
Ya ves cómo de loco estoy. No es amor lo que siento, eso son palabras mayores. Es... algo indescriptible. ¿Qué pasaría si estuviéramos destinados a estar juntos? Estarías luchando contra el destino, y, cuando se lucha contra él, no se puede ganar.
Pues eso, aquí me tienes, desnudando mi alma solo ante ti (espero). No sé cuánto tardará en llegarte esta carta, o si la leerás. Sólo quería, necesitaba, que supieras cómo me siento. Llevo desde que nos encontramos en aquella librería de Dublín intentando que me hagas caso. Sólo espero que me respondas, que me hables, aunque sea por última vez.
Espero tus palabras.
Miraz>>
Dejo la carta con cuidado sobre la mesa de la cocina. Jamás pensé que había causado ese efecto en Miraz, qué digo, jamás imaginé que causaría ni siquiera un efecto sobre alguien. Soy demasiado invisible. No puedo evitar colocarme la mano sobre el pecho y notar los fuertes y rápidos latidos de mi corazón. Parece que quisiera salir corriendo en busca del de Miraz.
Debo responderle. Pero ¿qué le digo? y ¿Cómo? <<Querido Miraz...>> No, eso es demasiado formal.
<<Miraz,
Mi tardanza en responderte es imperdonable y pido disculpas por ella con la esperanza de que la perdones.
Me han sorprendido enormemente tus palabras. ¿Por qué no dijiste nada antes? La verdad es que no puedo dejar de pensar en ti desde aquel encontronazo. ¿Siento lo mismo que tú? No lo sé (siento algo eso es seguro). Mi mente tiende a jugarme malas pasadas.
Me gustaría sin embargo encontrarme de nuevo contigo. Aunque esta vez no tendrá que obrar Hemmingway para que ello suceda...>>
No, no puedo enviarle eso. No diré nada. Esperaré al destino
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