Llevo años tras la misma idea. La idea de que me observan, de que allá donde voy hay una cámara tras de mí y alguien me vigila. Años atrás tuve hasta miedo. Me sentaba en una esquina, temiendo que me vieran hacer algo y que lo colgaran en la red. No estaba segura ni en mi propia casa, donde me asaltaba la idea de que hasta comentaban mis acciones.
Es una sensación horrible, sientes como si alguien te arrancara el corazón, las entrañas, y lo diseccionara y comentara todo ante una audiencia implacable mientras tú, pobre de ti, te sientas en un lado a esperar, rogando clemencia y perdón. Sientes tu alma siendo desmenuzada críticamente y, ni siquiera Platón te negará, que tu cuerpo lo siente. Sientes la intrusión de unas manos frías que te rodean por dentro, se apoderan de tus sentidos y te retuercen de miedo las entrañas.
Duele, duele mucho. Pero lo peor no es ese sentimiento, no. Lo peor es no atreverte a contárselo a nadie, no tener las agallas de decirlo, temiendo acabar en un psiquiátrico o algo peor. En esos momentos piensas mal hasta de tu madre. No quieres que se te lleven lejos. No quieres sufrir en un manicomio lleno de locos dementes que sufren alucinaciones varias y que seguramente hayan asesinado a sus familias o a quién sabe cuántos pobres inocentes. No, no quieres decirlo. Así que callas.
Y ese, ese es el peor castigo de todos.
Es una sensación horrible, sientes como si alguien te arrancara el corazón, las entrañas, y lo diseccionara y comentara todo ante una audiencia implacable mientras tú, pobre de ti, te sientas en un lado a esperar, rogando clemencia y perdón. Sientes tu alma siendo desmenuzada críticamente y, ni siquiera Platón te negará, que tu cuerpo lo siente. Sientes la intrusión de unas manos frías que te rodean por dentro, se apoderan de tus sentidos y te retuercen de miedo las entrañas.
Duele, duele mucho. Pero lo peor no es ese sentimiento, no. Lo peor es no atreverte a contárselo a nadie, no tener las agallas de decirlo, temiendo acabar en un psiquiátrico o algo peor. En esos momentos piensas mal hasta de tu madre. No quieres que se te lleven lejos. No quieres sufrir en un manicomio lleno de locos dementes que sufren alucinaciones varias y que seguramente hayan asesinado a sus familias o a quién sabe cuántos pobres inocentes. No, no quieres decirlo. Así que callas.
Y ese, ese es el peor castigo de todos.
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