Hay veces que no lo puedes evitar. La posibilidad de mentir o decir la verdad está ahí pero, no siempre tenemos la oportunidad de escoger. Da igual que sea la persona a la que más quieres en el mundo o que sea la tontería más tonta del siglo, si ni siquiera tienes la oportunidad, la mentira siempre, siempre, va primero.
Es una maldición que te persigue hasta el fin de los días. No escapas nunca, no sin ayuda. Sólo hay un camino y es el de la fuerza de voluntad, esa amiga traicionera que nos acompaña y abandona a placer y a la que tantos méritos nos cuesta mantener. Pero una vez está contigo y eres capaz de aferrarla y no dejarla ir, todo vuelve a ir bien, todo vuelve a su cauce y tu mente descansa ante su sola presencia. El mundo deja de ser en blanco y negro y la vida vuelve a tener color.
Unos dirán que exagero. Esos no saben de qué hablo. Sólo aquellos que lo han sufrido, aquellos que no siempre tienen la oportunidad de elegir, entienden de lo que hablo. Entienden el odio hacia uno mismo que se experimenta cuando mientes a la persona a la que más amas. Pequeña, grande, diminuta... da igual, una mentira es siempre una mentira y eso nada lo cambiará
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